Sin darse cuenta, la sociedad cancunense podría entrar a la pérdida de la memoria, la desorientación, el deterioro intelectual y en consecuencia, la muerte

Por Francisco Verdayes
Informativo Turquesa

El alzhéimer, según la definición científica, es una enfermedad mental progresiva que se caracteriza por la degeneración de las células nerviosas del cerebro y una disminución de la masa cerebral. Las manifestaciones principales son la pérdida de memoria, la desorientación temporal y espacial y el deterioro intelectual y personal.
Este mal es tan terrible que el cerebro pierde comunicación con el resto de los demás órganos del cuerpo y, en la pérdida de memoria, también ellos olvidan sus funciones y sobreviene la muerte.
No es nuevo saber que lo que le ocurre a un individuo también le sucede a una sociedad. Yo le llamo alzhéimer social o colectivo y lo conceptualizo como una enfermedad antropológica que difícilmente es percibida pero tiene los mismos síntomas: las sociedades pierden la memoria; se desorientan temporal y espacialmente; sufren un deterioro intelectual, y lo más grave, el cerebro y el cuerpo empiezan a tener rumbos diferentes.
Si se pudiera dividir el estado de salud de Cancún, diría que la noticia buena es que somos una sociedad moderna y próspera en renovación constante, un producto nuevo en permanente cambio; su fisonomía se modifica minuto a minuto. Por desgracia, la noticia mala es que su ritmo acelerado de vida la convierte en una sociedad olvidadiza, de corta de memoria, tanto que cada gobierno la refunda, la interpreta y la administra conforme a sus intereses.

AÚN HAY ESPERANZA

El pasado miércoles 22 de febrero, el Instituto Municipal de Planeación de Desarrollo Urbano (Implan) presentó oficialmente el primer Inventario del Patrimonio Cultural del Primer Cuadro de la Ciudad de Cancún, aunque fue avalado por el Cabildo de Paul Carrillo el 14 de septiembre del año pasado.
Pero es la administración de Remberto Estrada Barba la que presenta este inventario, las primeras bases de una protección real al patrimonio cultural tangible, entre el que se encuentra, en esta primera edición, 37 o 38 estructuras, fuentes, monumentos y murales, además del primer cuadro de la ciudad.
Lo anterior nos dice –siguiendo el símil con el alzhéimer– que el cerebro y el cuerpo aún trabajan en conjunto, pues el Implan laboró de manera coordinada con los principales actores culturales de la ciudad, los más férreos defensores de la identidad.
Sin embargo, bajo ninguna circunstancia deberán bajar la guardia los cancunenses, pues esto es apenas el comienzo y tiene que quedar muy claro que la cultural es el soporte de la memoria y el sustento de una identidad en construcción.
Por pronto, en la noche del 22 de febrero, teniendo como marco el Monumento a José Martí, se realizó con éxito la prueba de que aún estamos a tiempo antes de que el alzhéimer social nos alcance y aniquile.

Los síntomas
1.- Pérdida de memoria. Alejado de sus principios históricos, Cancún no tiene tiempo de consultar su propio pasado. Nadie recuerda –por ejemplo– por qué y para qué se hizo esta ciudad.
A los gobiernos se les olvida que este destino turístico nació bajo tres pilares: generar riqueza para el país, crear empleo para la zona y brindar calidad de vida a los habitantes de la naciente ciudad.
Cancún fue la ciudad utópica de Tomás Moro, aquella sociedad ideal, autofinanciable, autoabastecible y de gran identidad maya. La ciudad de las extensas áreas verdes, aquella que pretendía, con su riqueza, alcanzar grandes beneficios para los pobladores de Puerto Juárez y Puerto Morelos.
Estamos perdiendo la memoria, porque estamos empecinados en la idea de que vivimos del turismo y perdemos de vista que nuestro atractivo real es la naturaleza. Atentamos contra ella construyendo modernos edificios que después –cuando todo esto quede desierto– nadie visitará.

2.- Desorientación temporal y espacial. Cancún está a punto de cumplir 47 años de existencia, mientras que sus vecinas, las islas, rondan los 170 años de edad. Esto significa que si lo medimos en tiempo, Cancún es tres veces más joven, pero si lo medimos en espacio (condiciones, contexto), el destino ha tenido un desarrollo mucho más vertiginoso.
De manera que aunque la ciudad aparenta ser un joven de 47 años, en realidad pueda tratarse de un viejo de casi 250 años, con una corrupción y delincuencia galopantes, propias de sociedades decadentes.

3.- Deterioro intelectual. Es lo que interpreto como el poco interés por la cultura, las artes, la identidad, la historia; interesarse solo por los negocios y así saltamos hasta al plato fuerte: el cerebro y el cuerpo empiezan a tener rumbos diferentes.

4.- Rumbos diferentes. Cuando el gobierno ignora al pueblo y el pueblo ignora al gobierno, eso significa que el cerebro y el resto del cuerpo empiezan a tener rumbos diferentes y lo que sigue es la muerte.

Compartir