AURORA ESCOBEDO
Informativo Turquesa

“Mi principal preocupación es que realmente los diputados no tienen una experiencia en leyes ambientales, a cualquiera que se le haga una evaluación del grado de conocimientos sobre la biodiversidad, incluyendo temas forestales, ojalá alguno lo pasara”, afirmó Maritza Morales Casanova, fundadora y directora de la Hunab Proyecto de Vida A.C., organismo que integra en Mérida un ambicioso proyecto de educación ambiental para niños, a través del parque Ceiba Pentadra.
La ambientalista, cuya labor ha sido reconocida con el Premio Nacional Emprendedor 2014, entregado por el presidente Enrique Peña Nieto en la categoría “Liderazgo Inspirador”, se refirió así a la aprobación hecha en marzo pasado en la Cámara de Diputados del Proyecto de Reforma a la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable.
La iniciativa presentada por el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), actualmente en proceso de análisis ante el Senado, ha sido criticada por la sociedad civil organizada por su falta de claridad y por no haber sido sometida a consulta pública, pues quita a las comunidades indígenas y asociaciones los derechos de poder participar en las políticas forestales como hasta ahora. Esto según declaraciones a la prensa nacional de Gonzalo Chapela, coordinador de Políticas Públicas de la Red Mexicana de Organizaciones Campesinas Forestales (Red Mocaf).
Asimismo, abre las zonas forestales, incluyendo la fauna, a la comercialización por parte de la iniciativa privada.
En este rubro, Maritza Morales consideró que “nuestra posición como asociaciones es si hay tanto esfuerzo a nivel nacional, por los temas de transparencia, los primeros que deberían poner el ejemplo precisamente son los diputados en las cámaras. Creo que una ley que no ha sido consultada y que no se ha permitido que se enriquezca por la gente que sí tiene la experiencia y que tiene el conocimiento, pues es una ley que dentro de 10 o 15 años otra vez la van a estar parchando”.

FALTA DE PREPARACIÓN
Para Maritza Morales la gravedad de esta aprobación es que la mayoría de los diputados “no están preparados, sé que tienen asesores pero creo que los asesores más valiosos son los que trabajan de base, los que están trabajando en la comunidad, los que saben lo que es pasar esos procesos burocráticos”.
A esta situación se suma “que el sector ambiental es uno de los más castigados en cuestiones económicas. Leía que la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), por ejemplo, tan solo en Yucatán son muy pocos los inspectores que tiene para hacer cumplir la ley. La misma Comisión Nacional Forestal (Conafor), muchos de los que trabajan ahí lo hacen por amor a la causa, porque no es el mejor trabajo, con las mejores condiciones y que ellos tengan un poder de decisión”.
Sostuvo que “debería considerarse no solo una ley no solo en la limitación de la participación de los pueblos indígenas, sino el incentivar que es la base económica de nuestro país, un país megadiverso que no tiene un sistema eficiente para la conservación de nuestros suelos y ecosistemas”.
Otro aspecto que destacó Maritza, quien lleva dos décadas dedicada a proyectos de educación ambiental en Yucatán, es precisamente la importancia de crear conciencia sobre este tema.

INICIO DESDE LA ESCUELA
Maritza Morales Casanova, quien por su labor ha sido invitada a impartir cursos a niños en el propio recinto legislativo de San Lázaro y ha llamado la atención de medios como la revista Forbes y National Geographic (en donde desde 2014 fue asignada Exploradora emergente), recordó que la ley sobre educación ambiental en las escuelas, por ejemplo, fue “muy eficaz para ganar votos o lo que sea pero es obsoleta, en cuanto a educación obligan a los maestros, a través del sistema de la Secretaría de Educación Pública (SEP) a que enseñen temas de cambio climático, porque es la moda”.
“Los maestros –prosiguió– de buena voluntad tienen que cumplir, pero ellos no tienen una preparación en este tema, entonces muchos terminan llegando con nosotros para preguntarnos cómo van a enseñar esos temas”.
Comentó que en estos casos en Hunab, a través de su parque Ceiba Pentadra, le prestan materiales y comparten la metodología de cambio climático. “Entonces, ¿cómo le exigen a un maestro enseñar algo que simplemente no domina? Y lo peor de todo es que esto se vuelven números, se vuelve un círculo vicioso, porque entonces declaran a una escuela ecológica o tiene educación ambiental, cuando lo único que hacen los niños es tener un huerto o recibir una plática o medio separar los residuos y ya, como si eso fuera educación ambiental”.
Otro tema que consideró de importancia es dar seguimiento a las constructoras, por ejemplo, cuando hacen un fraccionamiento y dicen que van a incluir áreas verdes, “checar que no solo sea sembrar pasto que no da sombra y que absorbe grandes cantidades de agua”.
“Se supone que la ley está allí para incentivar políticas, financiamientos o acciones tanto de la sociedad civil organizada como del sector gubernamental, pero ¿qué pasa? Que se vuelven más como instrumentos de moda o políticos y ya no se llevan a cabo con la seriedad con la que fueron programadas”, puntualizó.