Por Francisco Verdayes Ortiz
Informativo Turquesa

Hoy Leona Vicario, antes Santa María, es una población que se encuentra como muchas a la vera de la carretera federal, pero todavía hasta mediados del siglo pasado se dedicaba a su actividad principal: el chicle, es decir, la recolecta de esa resina blanca que sale del árbol de chicozapote, y con la que posteriormente se elaboraba la goma de mascar.

Leona Vicario es una población conformada en sus orígenes, fundamentalmente por gente oriunda de Tuxpan, Veracruz, de hecho la mayor parte de quienes se dedican a la industria del chicle eran veracruzanos y muy marcadamente de ese poblado, Tuxpan.

Leona Vicario pertenecía a un circuito de poblaciones chicleras interconectadas a través de estrechas vías (70 centímetros) tipo ferrocarril por medio del cual se deslizaban los truckes, especie de vagoncito que era jalado por mulas. Los truckes eran los vehículos más modernos de la época y sobre ellos se trasladaban lo mismo cargamentos de chicle o palo de tinte que pasajeros.

Hoy día podemos decir que Leona Vicario está a 45 kilómetros de Cancún y que hacemos media hora por carretera pero en aquella época el circuito de los truckes interconectaban a Chiquilá, Kantunilkín, Leona Vicario (antes Santa María) y Central Vallarta con Puerto Morelos, el entonces gran puerto de embarque, porque de ahí mucha de esta materia prima viajaba a lugares como Estados Unidos, Europa y Asia.

La vida en Santa María era, por decir, hasta cierto punto aburrida para la visión contemporánea. La temporada del chicle era de septiembre a febrero y después no había nada que hacer. La gente subsistía de la caza y de la milpa como hasta ahora pero entonces se daban grandes tiempos de ocio en el que salían a flote los juegos de azar y el alcohol.

Los hombres de Tuxpan llegaban a las mesas de juego y entregaban machetes y armas de fuego como muestra de que los albures serían en buena lid, posteriormente, y si las cosas marchaban bien, las armas se recogían y cada quien para su casa pero, no siempre ocurrió así. La historia de Santa María está plagada de muertes; de duelos en defensa del honor, porque eso sí, un insulto o una trampa en el juego no se perdonaba más que con la muerte.

LA BATALLA SILENCIOSA
La llegada de los tuxpeños a finales del siglo antepasado y principios de 1900, significó una invasión a los territorios mayas.
Oficialmente, la Guerra de Castas terminó en 1901, los mayas rebeldes habrían entregado sus armas al Gobierno Federal casi simultáneamente con la creación del Territorio de Quintana Roo (1902). Sin embargo, en la selva, en el terreno de los hechos, la guerra continuó. En Santa María, por ejemplo, los indios mayas no distinguían entre soldados del centro del país y chicleros de Veracruz. Para los naturales de la región todos eran huaches, y a los huaches había que darles muerte, porque estaban invadiendo sus terrenos.
Varios tuxpeños amanecieron muertos a manos de las hordas mayas pero, “para las pocas pulgas” de los tuxpeños esto no fue más que el inicio de una guerra de guerrillas con trampas para ambos bandos y muertes por doquier.

En Santa María, hoy Leona Vicario, sus viejos pobladores todavía recuerdan los nombres de sus prolíferos matones, aquellos que más vidas mayas cobraron, y es que la tradición oral no tiene censura: hay nombres y apellidos.

En realidad en esta guerra no hubo ventajas para nadie. Los mayas también poseían armas de fuego. Fue una lucha sin cuartel hasta que la modernidad, el cansancio y sobre todo las enfermedades inclinaron la balanza a favor de los tuxpeños.

Un ejemplo de lo anterior ocurrió con El Limonar, una población maya a escasos kilómetros de Santa María. El Limonar se desintegró por completo con la aparición de la viruela negra. Los enfermos quedaron en el poblado, los demás (familias enteras) no tuvieron más remedio que refugiarse en Santa María y con ello se inició un proceso de pacificación que se fue dando de manera paulatina, sin rendición oficial, sin documentos ni firmas.

Las familias de los mayas, para evitar más desagravios, fueron cambiando sus apellidos originales por apellidos castellanos y así, la familia de los “Moo” se convirtió en Moguel, y la de los “Can” se rebautizaron como “Canto”. Apenas un par de ejemplos.

EL AUGE CHICLERO
El sicté (chicle) servía en la época prehispánica para ceremonias sagradas y posiblemente para fines medicinales. Los datos históricos indican que en Yucatán, el masticar chicle en público no fue aceptable sino hasta después de 1930. La explotación chiclera fue iniciada por inversionistas extranjeros en la segunda mitad del siglo 19 en la región de Tuxpan, Veracruz.

Al descender la producción se trasladó hacia las selvas tropicales de la Península de Yucatán. La actividad cobró auge en la primera mitad del siglo 20, convirtiendo a Valladolid en el centro de operaciones, pues en ella se concentraron comerciantes, contratistas, y hombres y mujeres interesados en trabajar durante las temporadas de la cala y del procesamiento artesanal del producto.

Los tuxpeños, como se llamaba a los chicleros, trabajaban de junio a diciembre en la selva, generando una gran derrama económica en la ciudad cuando retornaban con los salarios que habían acumulado. Algunas temporadas fueron contratados hasta cinco mil trabajadores.

SUS ORÍGENES
Fundada a finales del siglo antepasado, pero ya formalmente creada como población en 1913, Leona Vicario (hoy municipio de Puerto Morelos, Quintana Roo) tenía por nombre Santa María, denominación que tuvo que cambiar por cuestiones de credo político antirreligioso.