Agencias
Barcelona.- El plantel del Barcelona salió medianamente airoso de la encrucijada del domingo. Jugó frente a Las Palmas a pesar de que no pocos directivos y su capitán preferían no saltar al campo.

Ganó 3-0 en un Camp Nou sin público mientras las calles de la ciudad ardían. Tiempos turbulentos en España con la amenaza de que Cataluña declare su independencia en las próximas 48 horas, como anunció Carles Puigdemont, el presidente de la Generalitat. Tiempos difíciles para el vestuario azulgrana.

“El Barça es el ejército sin armas de Cataluña”, fue la definición del equipo del club que es más que un club realizada por el escritor y periodista ya fallecido Manuel Vázquez Montalbán. Si el Barça es un ejército, Gerard Piqué es su comandante en jefe.

Nunca se declaró independentista pero siempre fue un fuerte vocero de las reivindicaciones de Cataluña. En el caso del conflicto por el referéndum, Piqué se puso a la cabeza del “derecho a elegir” de los catalanes sin asomarse a la voluntad secesionista. Y fue quien propuso no jugar ante Las Palmas, como acción política hacia el gobierno central. Piqué ponía en estado de alerta al ejército, en las entrañas del Camp Nou. Firme, pero no necio, aceptó que el presidente Josep María Bartomeu advirtiera que la Liga había amenazado con descontar seis puntos al equipo si no se presentaba ante Las Palmas.

Piqué recogió banderas, jugó en el estadio vacío y después destrozó a Mariano Rajoy. Si el futuro inmediato profundiza la grieta, como parece, Piqué deberá mirar otra vez dentro del vestuario para tomar determinaciones. ¿El plantel del Barça puede ir a contramano de la directiva? Allí, en las oficinas, no hay homogeneidad. Bartomeu pone paños fríos, el vice Carles Vilarubí, un radical, renunció porque era partidario de que el equipo no jugara ante Las Palmas.

De los 24 futbolistas que el FC Barcelona oficializó en la Liga, hay nueve españoles, tres franceses, dos argentinos, dos brasileños, dos portugueses, dos holandeses, un uruguayo, un alemán, un turco y un croata. De los nueve españoles, seis son catalanes: Piqué nació en Barcelona; Sergi Busquets (autor del primer gol del domingo) en Sabadell; Gerard Deulofeu en Girona; Jordi Alba en Llobregat; Sergi Roberto en Reus y Aleix Vidal en Tarragona. Los españoles no catalanes son Andrés Iniesta, asturiano; Denis Suárez, gallego; Paco Alcácer, valenciano.

Sin embargo, atribuirles “catalanismo” solo por el nacimiento es inconducente para garantizar un alineamiento detrás de Piqué por el poder en el vestuario se determina de otros valores: peso específico en el equipo, ascendencia sobre el grupo, trayectoria y exposición mediática son algunos de esos parámetros. Piqué, Busquets, Iniesta, Messi, Suárez y Mascherano son los caciques de los camarines azulgranas y hay una segunda línea con Rakitic, Alba y Ter Stegen. El resto, acompaña; opina pero no define.

Tiene suerte Lionel Messi, líder indiscutido del juego del Barça, ausente en los próximos días, reclamado por la Selección argentina. Igual que Mascherano. Los argentinos, hombres fuertes del vestuario, nunca se han expresado acerca de la “cuestión catalana”. ¿Deberían hacerlo? El asunto es que la presión será tan grande en los próximos días y semanas si no se descomprime la diferencia política que les exigirán ponerse de un lado o del otro.

“Disculpados” de la grieta argentina por vivir en España, a Messi y a Mascherano los corre la grieta española.

Sobre todo a Messi, emblema del club. Argentino y rosarino que ha vivido más de la mitad de su vida en Barcelona.

Piqué lo tiene claro, sabe su rol en el ejército. Messi debería saber que suenan tambores de guerra.

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