Por Francisco Verdayes Ortiz
Informativo Turquesa

Desde el 11 de septiembre de ese año, 1988, se avizoró la amenaza del huracán “Gilberto”, ya que se encontraba a 400 millas de Cozumel, al sureste de Jamaica, y traía una velocidad de desplazamiento de 25 kilómetros por hora, con vientos en su interior de más de 175, razón por la cual se le consideró como el huracán más fuerte de la temporada, y de la década, desde el “Allen” de 1980.

Los pronósticos aseguraban que al tocar tierras jamaiquinas bajaría su intensidad pero al día siguiente, el 12 de septiembre, una vez confirmado que el “Gilberto” era una amenaza real para Quintana Roo, sus vientos habían subido de intensidad, a 185 kilómetros por hora.

Para ese entonces, ya se sabía que en República Dominicana se habían ahogado cuatro personas a consecuencia del ciclón. En Cuba se habían desalojado a 90 mil individuos y fueron declaradas como zonas de emergencia las ciudades de Santiago, Granma y Guantánamo.

Cuando “Gilberto” se encontraba enfrente de Quintana Roo (13 de septiembre) sus rachas ya superaban los 190 kilómetros por hora, y al momento de entrar a nuestras costas (14 de septiembre) lo haría con vientos de más de 200 kilómetros por hora; tiempo después se sabría que lo hizo con 250.

A la mañana siguiente, el huracán ya era cosa del pasado pero los efectos fueron graves y modificaron el futuro.

Para la extinta María Cristina Castro, investigadora social, especialista en desarrollo municipal, el meteoro tuvo serias repercusiones: “Recuerdo que salimos a la calle y no había nadie más que nosotros; hubo un paro de actividades durante tres meses. Cuando volvió a abrirse al turismo, el destino elitista se transformó en uno de paquete, con esquema mayorista de charters. Transcurrió así un tiempo, y de los 11 mil cuartos pasó a 21 mil. Fue un duro golpe a los ecosistemas; se contaminaron los mantos freáticos, se deforestaron miles de hectáreas, se perdieron metros de playa y la falta de servicios, como vivienda o agua, rebasó cualquier previsión… Cancún se había abaratado”.

EFECTOS TRAS LA DEVASTACIÓN:

  • Los empleados de los hoteles comenzaron a ser liquidados y se contrataron cuadrillas de constructores, a través de Fonatur, para iniciar la reconstrucción de la zona.
  • Se reportaba desabasto de alimentos y agua potable. Éxodo masivo de trabajadores y brotes de enfermedades, principalmente en la población infantil como consecuencia del estado de insalubridad de la zona.
  • Desde el 17 de septiembre, se reanudan los vuelos comerciales y a partir de esa fecha viajaron cerca de mil 500 turistas estadounidenses en un puente aéreo con la ciudad de Miami, a través de diversas líneas.
  • El saldo rojo (oficial) hasta esa fecha era de 13 muertos, en todo el país, y un número incierto de heridos, pero el periodista Héctor Aguilar Zaldívar (q.e.p.d.) narra en un libro suyo que tan solo en Isla Mujeres él contabilizó el rescate de 52 cuerpos.
  • Para el 18 de septiembre, los daños derivados del huracán, según una evaluación de la Presidencia de la República, eran de 90 mil millones de pesos. El presidente Miguel de la Madrid Hurtado prometió apoyo logístico para la reconstrucción de la ciudad y del sector turístico.
  • Se reanudó la comunicación vía terrestre entre Cancún y Chetumal con lo que se pudo normalizar el abasto de productos básicos.
  • La nota policiaca reportaba que los robos se habían incrementado a raíz del huracán, por lo que la cárcel municipal de Cancún aumentó su número de reclusos en 222, todos por el delito de robo.
  • El lunes 19 de septiembre, el suministro de agua potable se había regularizado.

 

IMAGEN DESGARRADORA

Un testimonio importante sobre el paso del huracán “Gilberto” es el del periodista Herbert Carrillo Ruiz (q.e.p.d.), quien fue comisionado por el Diario de Yucatán para dar cobertura especial a los hechos del famoso meteoro.

“Los reporteros locales del Diario de Yucatán habían abandonado literalmente las filas, de modo que el chofer que traía desde Mérida y yo tuvimos que soportar los vientos del ‘Gilberto’ en una casa que casi fue destruida por las turbonadas y salvamos la vida gracias a que nos guarecimos en el baño.

“Una vez pasada la tormenta, recorrí las playas de Puerto Juárez hasta llegar a la parte continental de Isla Mujeres en donde vi imágenes desgarradoras, como la de un pescador llorando en la playa ante el cadáver de su hermano, quien había muerto ahogado.
“Cuando le iba a tomar la foto, con lágrimas en los ojos, aquel hombre me pidió que le respetara el dolor y sinceramente, no pude tomarla, a pesar de que era mi obligación como periodista”.

 

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