En los años 30s del siglo pasado se creó la “Ruta del Caribe”, gracias al apoyo del gobernador Rafael E. Melgar, pero su tiempo de vida fue breve

Por Francisco Verdayes Ortiz
Informativo Turquesa

Segunda de nueve partes

Se piensa que desde 1928 ya existía una ruta comercial que estableció la línea aérea norteamericana Pan American Airways, con servicio regular entre Key West (Florida, Estados Unidos) y el puerto de Colón, en Panamá, haciendo escalas en Cozumel.

Para 1932, los aviones anfibios tipo “Sikorsky S-40” para 12 pasajeros que ofrece la mencionada empresa, forman parte del paisaje quintanarroense y se establece lo que se conoce como la “Ruta del chicle”, que viene de Florida y hace escala en puntos como Rancho Boyeros (Cuba), Progreso (Yucatán), Cozumel y Chetumal (Quintana Roo), seguía su rumbo hacia Belice y finalizaba en Puerto Barrios, Guatemala. Este era el turismo internacional que tenía Quintana Roo, pero la Pan American dejó de operar en el Caribe en 1938.

En Chetumal la primera pista de aterrizaje –decía el extinto cronista Ignacio Herrera Muñoz– se construyó en 1929 por elementos del Ejército y fue bautizada como “Morelos”. Fue la base de Aeronaves de México, S.A., pero se limitó al enlace con Mérida, sin buscar la intercomunicación de Quintana Roo.

Motivado por lo anterior, el gobierno quintanarroense, encabezado por el general Rafael E. Melgar, promueve al célebre piloto mexicano Francisco Sarabia Tinoco para que su empresa Transportes Aéreos de Chiapas opere en Quintana Roo con cinco aviones monomotores modelo Spartan Bellanca, con capacidad para cinco pasajeros cada uno, con lo cual quedó establecida la “Ruta del Caribe”: Chetumal–Carrillo Puerto–Cozumel–Isla Mujeres, según recordaba el empresario cozumeleño Nassim Joaquín Ibarra (+).

SARABIA, PROEZA Y TRAGEDIA

La amistad de Sarabia y Melgar fue tan estrecha que el piloto incluyó a Chetumal en sus hazañas de récord de velocidad pero cada vez corría más riesgos y el 24 de mayo de 1939, salió de la Ciudad de México rumbo a Nueva York, teniendo como padrino de vuelo ni más ni menos que al gobernador de Quintana Roo. Sarabia consiguió la proeza, pero al momento de retornar su avión (el “Conquistador del cielo”), se desplomó en el río Potomac. Y así, fallece Sarabia y con él la Ruta del Caribe.

En otro orden de hechos le diré que la última obra del presidente Lázaro Cárdenas en Quintana Roo, si bien tiene relación con la aviación, es totalmente involuntaria a él. No tiene ningún nexo ni con la promoción del turismo ni con el desarrollo social sino más bien con la Segunda Guerra Mundial que se había iniciado en Europa y amenazaba con extenderse en cualquier momento a América.

Cárdenas no simpatizaba con los norteamericanos ni éstos con él, pero tenía que aliarse a la “Política de Protección Hemisférica” y aceptó el financiamiento estadounidense –en junio de 1940– para crear bases militares sobre todo el territorio nacional. Quintana Roo es geográficamente el punto más cercano de México hacia Europa y por ello se construyó, a finales de ese año, el aeropuerto militar de Cozumel.

Más adelante, el presidente Manuel Ávila Camacho haría lo propio con el de Chetumal pero debe quedar claro que estos aeropuertos no obedecen a ningún proyecto turístico, aunque serían fundamentales para el despegue económico después de la guerra, especialmente el de Cozumel.

Los años grises

Por desgracia para la entidad, luego de esa estupenda mancuerna que formaron Cárdenas y Melgar, vinieron muchos años en los que el desarrollo turístico se estancó e incluso retrocedió. El general Manuel Ávila Camacho asumió la Presidencia de la República en una época muy difícil y correspondió a él hacer la declaratoria de guerra a los países del Eje.

Un año después de concluir el conflicto internacional, tomó posesión (en 1946) el presidente Miguel Alemán Valdés, quien se destaca por su amplia visión turística, pero en el deseo de competir contra Hawai, su objetivo se centró exclusivamente en Acapulco, Guerrero, ignorando a Quintana Roo.

Para colmo de males, el presidente Ávila Camacho dejó como gobernador a un compadre suyo de nombre Margarito Ramírez Miranda, quien se mantendría en el poder por espacio de 14 años (1944-1958). Su administración vio pasar tres gobiernos hasta finalizar con Adolfo Ruiz Cortines.

TAMSA, la nueva esperanza

En todo este tiempo, al menos hay una buena noticia: nace en Mérida la compañía Transportes Aéreos Mexicanos S.A. (TAMSA) con accionistas yucatecos y quintanarroenses. TAMSA vuela sobre la antigua “Ruta del Caribe”, de Francisco Sarabia (Mérida–Chetumal–Carrillo Puerto–Cozumel) con aviones DC-3 para 26 pasajeros. Lo anecdótico es que dentro de su equipo de pilotos figura el actor y cantante Pedro Infante Cruz.

La nota mala es que el 15 de abril de 1957, uno de sus aparatos de carga (un bombardero Liberator de la Segunda Guerra Mundial), cae en Mérida y pierden la vida Pedro Infante, el capitán Víctor Manuel Vidal, el mecánico Marciano Bautista y dos jovencitos que son alcanzados en tierra. Encima, y por si no fuera suficiente, antes de finalizar el año (29 de octubre) se registra un nuevo accidente en el que fallecen los pilotos Joaquín Espinosa Loret de Mola, Héctor Martínez de León y el mecánico Humberto Castillo Mendicuti. TAMSA vende su flota a Mexicana de Aviación en 1958, pero la “Ruta del Caribe” ya no se reanudó.

Por lo que hace a la administración de Margarito Ramírez, debe señalarse que ningún historiador o documento le atribuye mérito alguno, no al menos en el ramo turístico, por muy leve que sea, pero en su larguísimo mandato se dan esfuerzos particulares que sin ningún orden ni cohesión, van dándole forma a la estructura del turismo actual.

De Sur a Norte

Cinco aviones monomotores modelo Spartan Bellanca, con capacidad para cinco pasajeros cada uno, formaron la plantilla inicial de la “Ruta del Caribe” con escalas en Chetumal, Carrillo Puerto, Cozumel e Isla Mujeres.

De mal en peor

Varios accidentes ocurridos a finales de los años 50s (entre ellos el que le quitó la vida al actor Pedro Infante) provocó la cancelación, una vez más, de la “Ruta del Caribe” que operaba entonces la empresa TAMSA.

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