Por Roberto Mex
Kantunilkín

En la cabecera del municipio Lázaro Cárdenas el trabajo infantil se realiza más por necesidad que por explotación infantil, ya que los niños que salen a vender en las calles lo hacen por la necesidad de ayudar a los padres con los gastos de la casa.
Se conoce de por lo menos cinco casos de familias donde los niños menores de 10 años de edad venden fritangas en las calles y en eventos públicos para poder obtener unos pesos de ganancia, que en este caso les servirá para comprarse útiles escolares para el próximo regreso a clases.
Sin embargo, esos niños acuden puntualmente a las escuelas de los turnos vespertinos, ya que en ocasiones hasta ya entrada la noche, aún están vendiendo en eventos masivos, pero siempre apoyados por los padres que igual hacen lo mismo en puestos ambulantes que establecen en los alrededores de las concentraciones.
En si no se le podría llamar una explotación infantil porque lo hacen por la necesidad propia de tener uniforme y zapatos para la escuela, útiles y otros gastos propios de la educación que con el sólo ingreso del padre, en ocasiones de apenas 500 pesos semanales haciendo trabajos de albañilería, no se pueden adquirir.
En el DIF se trabaja con ellos a través del Programa de Atención a Menores y Adolescente en Alto Riesgo (Pamar) donde se les ofrece una beca y pláticas sobre prevención de adicciones, pero aún así el recurso económico que reciben resulta insuficiente en una zona donde la única fuente de empleo es el ayuntamiento.
De acuerdo con experiencias vistas en esta ciudad, generalmente esos niños que sudan empujando un carro de paletas para poder tener dinero a fin de adquirir ropa, calzado y útiles escolares, a final de cuentas acaban valorando aún más el esfuerzo con esmero y dedicación a la escuela. Pero se tratan de familias en las que no hay cabida para vicio alguno porque gastarse lo mínimo en eso representaría no comprar, por ejemplo, el frijol ó las tortillas.

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